Reseña de “Dos deseos y dos desdichas”

El mundo de Marcelo es uno y otro bien distinto antes de conocer a Lorena; incluso él mismo es distinto antes de ese momento concreto, de ese instante tan fugaz como eterno. Y esa es la historia que te quiere contar Enrique Bryan Castillo García en Dos deseos y dos desdichas.

Se puede cambiar de muchas formas de ser o de vivir, todo depende de cómo se lo proponga uno o de cómo le afecte o influya en él todo lo que le rodea. ¿Y Marcelo? ¿Puede cambiar un chico problemático como él, al que los sentimientos le importan más bien poco o nada, y que no tiene en cuenta las preocupaciones de los demás?

Porque la vida de Marcelo es sencilla: su vida es suya sin preocuparle lo que digan, sientan o crean los demás; su vida es suya y hace con ella lo que le venga en gana sin importarle si eso puede afectar o no a terceros.

Hasta que conoce a Lorena.

Y no es Lorena, precisamente, una niña, ni tampoco una chica de edad parecida a la suya, sino una mujer madura. Algo normal, te estarás preguntando. No tanto cuando Lorena es… la madre de su novia.

Desde ese momento, desde ese instante, todo en su vida se reduce a llegar a Lorena. Para ello no dudará en utilizar todas las tretas que tenga a su alcance; y sin preocuparle, ni mucho menos, si dichas tretas pueden afectarle, o bien a su novia, o a su suegra, que es Lorena.

Una novela, la de Enrique Bryan Castillo García, llena de momentos gloriosos, algunos de ellos hilarantes, que nos muestra la perdición de un muchacho por una mujer que está fuera de su alcance por muchos motivos. O puede que no haya tantos…

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