Reseña de “Café Soledad”

Para empezar, hay que decir que Café Soledad, de Jorge Soler, es lo más parecido a eso, a un café (el lugar) donde tomarse un café (la bebida) con calma mientras otra persona nos anima a hacer de la conversación un hilo sin fin. Por eso es una historia de historias, una colección de sentimientos al calor de un café cuyo sabor dependerá del regusto que te dejen en el paladar.

Un café da pie para muchas cosas. Delante de un café han nacido y muerto amores, se han cerrado acuerdos y se han roto otros, se han alcanzado cielos y se han descendido infiernos insondables. En este caso, Jorge Soler nos plantea un lugar donde una pareja se sienta a tomar un café, una como tantas otras.

¿Qué hace tan particular aquel café? Que da pie a que conozcas su historia, la de aquella pareja de la que podemos ver y saber tantas cosas; una excusa que le faculta a Jorge Soler a inmiscuirse en los sentimientos de dicha pareja, a navegar por sus soledades respetivas, y a rescatar recuerdos que hablan de viejos libros, de amores que fueron, de un Madrid que fue y ya no existirá más. En consecuencia, de esa vida que construimos sin darnos cuenta y a la que recurrimos cada vez con más frecuencia con la añoranza de encontrar en ella el calor que la soledad actual espanta.

En definitiva, Jorge Soler te invita a tomar un café que te dejará un regusto distinto al que puede imprimir en la boca de otro lector o lectora. Todo dependerá de cómo adoptes las soledades de los protagonistas de este breve relato de sueños e ilusiones. Una mirada a un espejo más que recomendable, pues sin darte cuenta puede que te veas reflejado en ese mismo espejo y te des cuenta de que todos arrastramos el mismo sentimiento por lo que fue y ya nunca más será.

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