Curiosidades de “¡¿Qué será de los nuestros?!”

¡¿Qué será de los nuestros?! es una obra de lectura obligatoria. La voz de la experiencia puesta en negro sobre blanco por José Miguel Molowny. Las cuestiones que más nos afectan analizadas por tres amigos desde su juventud. Y como queremos saber más del proceso de concepción de dicha obra, le hemos pedido a su autor que nos cuente más detalles sobre dicho proceso.

«En ¡¿Qué será de los nuestros?! intervienen tres personajes, viejos como yo, que en un kiosco de una deliciosa plaza antigua de Santa Cruz de Tenerife se reunían habitualmente, en sus sobremesas, para hablar de todos sus recuerdos y azuzarse entre ellos con bromas de todo tipo, hasta que se pusieron serios y se plantearon debatir sobre nueve asuntos de honda preocupación para el futuro de la humanidad. Lo consiguieron, no sin esfuerzos, gracias a que los sazonaron con el buen humor y la sagacidad que muchos viejos, al menos los ilustrados, han ido atesorando con el tiempo», explica.

José Miguel Molowny es claro: «Todo relato de ficción es, naturalmente, opinable, así que cada lector podrá asentir en algunos de esos asuntos o disentir en otros, aunque lo terriblemente cierto es que tales preocupaciones existen, sobre todo para aquellos que se interesan por la evolución de esta ambigua sociedad mundial».

Y aunque José Miguel Molowny no trata comparar esta novela con las ya escritas, «porque son muy distintas, sí debo comentar que mis lectores incondicionales me dicen que en estas dos publicaciones de Lacre —la otra es Doce horas enlazados he pasado de la frivolidad de una pareja libertina a la honda preocupación de tres viejos profesores ante un ominoso futuro. Tal vez mis otras tres novelas publicadas por otras editoriales equilibran esos extremos, al estar entre los cuentos antiguos, una historia de amor rural en una Reserva Mundial de la Biosfera —ambas ambientadas en Tenerife— y un thriller sobre la superpoblación mundial y las supuestas conspiraciones que buscan solucionar ese gran problema por vías poco ortodoxas», concluye.

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